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Terra
La Coctelera

De Las afueras de Dios

A.Gala

"Ojalá seas un hombre imposible de reducir a fórmulas ni a números, exento de las estadísticas. (...) Un hombre que sea libre sin ser rico; fuerte, sin usar uniformes; heroico, sin tener que morir; justo, sin necesidad de creer en la perdurabilidad; solidario, sin estar vigilado; superior, sin ser cruel. (...) La divinidad no está en la omnipotencia, ni en la eternidad, ni en la inmutabilidad: ser Dios quizá consista en ser hombre hasta las últimas y mejores consecuencias: (...)"

De Veronika decide morir

Paulo Coelho"
Buenos tiempos aquellos, de emperadores y reyes: en aquella época se vivía y moría con romanticismo. El asesino convidaba a la víctima a un opíparo banquete, el sirviente entraba con dos bellas tazas, una de ellas con Vitriolo mezclado en la bebida: ¡cuánta emoción suscitaban los ademanes de la víctima, que tomaba la taza, decía palabras suaves o agresivas, bebía como si fuera una bebida sabrosa, miraba con sorpresa al anfitrión y caía fulminado en el suelo!"

El Nuevo Rincón

Desde hoy, el Rincón Literario se convierte en un blog. Esperamos que os guste y podáis acceder a esta sección de una manera más ordenada y mejor visualmente.

Como hasta ahora, llevará esta sección su creadora Inés. Agradezco su labor y entrega por mejorar los contenidos de la web y dejar parte de su tiempo por el Rincón Literario.

Gracias

José Vicente

Rosa Montero

"La novela es un género de madurez y tardas en encontrar la distancia con lo narrado. A mí, de hecho, no me interesa contar cosas de mi vida, porque una de las maravillas de ser novelista es que te posibilita vivir otras experiencias." Rosa Montero

El Viaje de los Caminos Cruzados

Capítulo I

Cuando los viajeros del autobús número seis llegaron al pueblo, sus habitantes ya se habían encerrado en sus casas despavoridos ante el presagio de que algo catastrófico iba a suceder en los meses siguientes. Aquella tarde, tal como había vaticinado la vieja echadora de cartas, una veintena de caminantes extranjeros bajó del autobús y entró en la posada preguntando por la dueña. Era un grupo de hombres y mujeres bastante jóvenes. Al verlos, la señora los observó sorprendida por su aspecto casi infantil y por sus maletas demasiado abultadas para tratarse de una escapada de fin de semana. Pero al acercarse para atenderles se dio cuenta que no eran tan jóvenes como había pensado en un principio: sus facciones y sus ropas desenfadadas e informales contrastaban con la austera seriedad de sus miradas y al dirigirse a ella, utilizaban palabras extrañas casi irreconocibles para la humilde posadora. Subieron a las habitaciones precedidos por la señora al tiempo que escuchaban las normas del hostal, los horarios del desayuno, comida, cena y otras disciplinas. Varias veces intentó la mujer averiguar su procedencia y el por qué de la visita pero ellos permanecieron callados, escuchándola con desdén e indiferencia. La siguieron escaleras arriba en silencio y cuando por fin se instalaron en sus habitaciones...

opción 1: los visitantes son extraterrestres que han venido a cumplir una misión planetaria y, al caer la noche, se ponen en contacto con la nave nodriza a la espera de instrucciones.

opción 2: los visitantes son en realidad habitantes del pueblo ya fallecidos que han vuelto del futuro en un "viaje turístico al pasado con todos los gastos pagados": los avances científicos en el año 2350 permiten realizar viajes en el tiempo, muy recomendados por los expertos del espíritu para personas con graves sufrimientos provocados por equivocaciones que cometieron en el pasado.

opción 3: los visitantes son extranjeros movidos por la necesidad vital de conocer lo que antiguamente fue la taifa del rey Abd Allah II, hijo de Muhammad Nizam al Dawla. Todavía no lo saben pero en ellos se han instalado los cuerpos astrales de los descendientes de este rey y han venido para recuperar la taifa que les perteneció tras la caída del califato de Córdoba hace ya más de novecientos años.

El Castillo de Alpuente

Sorprende una mole ingente

sobre un abismo asentada;

piedra en vertical tajada

en derredor, totalmente.

Recostado al occidente

yace el Alpuente inmortal;

testigo mudo y leal

de mil preclaras proezas,

inigualables grandezas

y escenario excepcional.

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III

Unico angosto camino

labrado en la misma roca,

en la cima desemboca,

objeto de su destino.

Ya en la cima... algo divino,

que sobrecoge y encanta,

grandeza y belleza tanta,

sólo allí se puede dar,

teniendo el cielo a tocar

y un gran abismo a las plantas.

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IX

Una singular batalla,

gritando ¡victoria o muerte!

hizo correr fatal suerte,

castillo, iglesia y murallas.

Las ruinas de tales vallas,

cada día se acrecientan.

La Historia es la que nos cuenta

esta odisea carlista

y el año de esta conquista;

mil ochocientos cuarenta.

X

Al aire lanzo esta idea

de trascendencia notoria;

que la recoja la Historia

para que España la lea.

Que venga el mundo y que vea

estas ruinas sorprendentes

que mientras sigan pendientes,

de restaurarse a la espera,

en deuda está España entera

con el castillo de Alpuente.

Ext. Miscelánea poética alpontina, Valeriano Herrero

Envidio

Irene

Envidio a las señoras mayores, las que ya no tienen nada que esperar en esta vida y sólo les queda dejar de respirar, las que no necesitan ir de un sitio para otro con urgencia, haciendo siempre cosas, cumpliendo tareas u obligaciones, envidio a los ancianos porque ellos ya no tienen que justificarse ni explicarse ante nadie, porque a nadie tienen que rendir cuentas, porque la sociedad no les exige nada y por lo tanto pueden no hacer nada si les da la gana, porque esperan pacientemente el segundo final, la última despedida, el Suspiro letal, el último cansancio, porque ya nada le deben a la vida ni a nadie.

Envidio a toda esa gente que sólo tiene que recibir a la muerte para poner punto final a la existencia, al cansancio, al repetirse de los días. Cuando los veo por la calle, paseando, esperando el autobús, hablando con otros ancianos, sentados en el parque, viendo pasar las horas, las tardes hasta que agonizan, contemplando a todos los que se quedan cuando ellos ya no estén, cuando los veo con la mirada puesta en los demás presiento que no deben sentir envidia de los demás, que los observan con compasión, con pena porque ahí se quedan para rendir cuentas a un verdugo invisible pero latente y despiadado, una fiera sin escrúpulos que nos manipula a todos con un látigo en la mano. Envidio la mano temblorosa, el paso lento y costoso, la silenciosa lucidez de la mirada, la brisa de la tarde acariciándoles los años, el tiempo detenido en sus andares como una merecida recompensa. Envidio todo éso en los ancianos y más todavía, el suave mecer del último latido, fuera de todo límite, más allá de cualquier frontera, desencadenados, lejos del verdugo, para siempre fuera del látigo...

Una Noche Fresca

por Ignacio Cebrián

Cuándo Iván quedó encerrado en aquella habitación sin ventanas, con el termostato del aire acondicionado a quince grados centígrados, sin teléfono y a una hora en la que probablemente no quedaba nadie en el edificio donde trabajaba, pensó que era una broma o un sueño.

Pero no, aquello era real, estaba encerrado en el despacho que se utilizaba como archivo y ese aparato maldito no hacía más que escupir su aire frío sin parar.

No hay que ponerse nervioso, pensó Iván mientras descargaba una patada sobre la puerta blindada que era su escapatoria y que no cedería con una simple patadita.

No pierdas los nervios Iván, repetía mientras machacaba con el bolígrafo el electrodoméstico maligno que le congelaba la sangre y las ideas.

Tranquilo Iván, se animaba al rebuscar entre la inmensidad de papeles el mando a distancia del aparato.

Pasaron dos horas, quizás tres y aunque pensaba en la canción del verano, en las vacaciones del verano, en las mujeres del verano, en los chiringuitos del verano y en la playa del verano, un frío intenso se le metía entre los huesos.

Lo encontró a la mañana siguiente la mujer de la limpieza, titiritando de frío, acurrucado en un rincón y cubierto por archivadores y facturas.

Desde aquel día, en nuestra oficina, dirigida por el muy hijo de puta de Iván Rodríguez, al que una noche le dimos su merecido, en verano trabajamos con ventiladores.