Sorprende una mole ingente
sobre un abismo asentada;
piedra en vertical tajada
en derredor, totalmente.
Recostado al occidente
yace el Alpuente inmortal;
testigo mudo y leal
de mil preclaras proezas,
inigualables grandezas
y escenario excepcional.
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III
Unico angosto camino
labrado en la misma roca,
en la cima desemboca,
objeto de su destino.
Ya en la cima... algo divino,
que sobrecoge y encanta,
grandeza y belleza tanta,
sólo allí se puede dar,
teniendo el cielo a tocar
y un gran abismo a las plantas.
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IX
Una singular batalla,
gritando ¡victoria o muerte!
hizo correr fatal suerte,
castillo, iglesia y murallas.
Las ruinas de tales vallas,
cada día se acrecientan.
La Historia es la que nos cuenta
esta odisea carlista
y el año de esta conquista;
mil ochocientos cuarenta.
X
Al aire lanzo esta idea
de trascendencia notoria;
que la recoja la Historia
para que España la lea.
Que venga el mundo y que vea
estas ruinas sorprendentes
que mientras sigan pendientes,
de restaurarse a la espera,
en deuda está España entera
con el castillo de Alpuente.
Ext. Miscelánea poética alpontina, Valeriano Herrero